Ir al contenido principal

Hongos funcionales y microbiota intestinal ¿Qué relación tienen?

La relación entre hongos y microbiota intestinal es un área de investigación que ha despertado un interés creciente. Los hongos comestibles y funcionales contienen diferentes compuestos bioactivos, entre ellos polisacáridos, β-glucanos, quitina y otros tipos de fibra dietética que pueden llegar al intestino y ser utilizados por determinados microorganismos.

A diferencia de algunos nutrientes que se digieren y absorben en el intestino delgado, parte de estas fibras y polisacáridos no se degradan completamente durante la digestión. Al llegar al colon, pueden interactuar con la microbiota intestinal y ser fermentados por microorganismos, generando metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), entre ellos acetato, propionato y butirato.

Por esta razón, actualmente se estudia el potencial de los hongos como fuente de compuestos con características prebióticas y su posible relación con el equilibrio de la microbiota intestinal.

Relación entre hongos funcionales y microbiota intestinal

¿Qué contienen los hongos funcionales?

Los hongos funcionales contienen diferentes sustancias de interés nutricional y biológico. Entre las más estudiadas se encuentran:

β-glucanos

Los β-glucanos son polisacáridos presentes en las paredes celulares de muchos hongos. Debido a su estructura, una parte de ellos puede resistir la digestión en el tracto gastrointestinal y llegar al intestino, donde pueden interactuar con los microorganismos intestinales.

La investigación ha estudiado especialmente su posible papel como sustrato fermentable para la microbiota y su relación con la producción de ácidos grasos de cadena corta.

Otros polisacáridos y fibras

Además de los β-glucanos, los hongos contienen quitina y otros polisacáridos no digeribles. Estos componentes forman parte de la matriz estructural del hongo y pueden contribuir al conjunto de fibras disponibles para la fermentación intestinal.

Compuestos bioactivos

Dependiendo de la especie, los hongos también pueden contener compuestos como polifenoles, triterpenos y otros metabolitos secundarios. Sin embargo, sus funciones y efectos pueden variar considerablemente entre especies, extractos y preparaciones.

Por eso, no es adecuado asumir que todos los hongos funcionales producen los mismos efectos ni que un resultado observado con un extracto específico puede aplicarse automáticamente a cualquier producto derivado de hongos.

¿Cómo pueden relacionarse los hongos con la microbiota intestinal?

La relación entre hongos y microbiota intestinal puede entenderse principalmente a través de la interacción entre las fibras y polisacáridos de los hongos y los microorganismos que habitan el colon.

Cuando determinados componentes no son digeridos completamente, pueden convertirse en sustratos para la fermentación microbiana. Durante este proceso se producen metabolitos como los AGCC, que participan en diferentes funciones relacionadas con el ambiente intestinal.

Los estudios disponibles también han observado cambios en la composición y actividad de determinadas comunidades microbianas después de la exposición a fibras o polisacáridos provenientes de diferentes especies de hongos. No obstante, los resultados dependen del tipo de hongo, la estructura de sus polisacáridos, la preparación utilizada y las características de la microbiota estudiada.

Por esta razón, cuando se habla de hongos y microbiota intestinal, es más preciso hablar de un potencial de modulación de la microbiota que de un efecto terapéutico demostrado.

¿Los hongos funcionales son prebióticos?

Algunos componentes de los hongos presentan potencial prebiótico, especialmente determinadas fibras y polisacáridos.

Para que una sustancia pueda considerarse prebiótica en sentido estricto, debe resistir la digestión y ser utilizada selectivamente por microorganismos, produciendo un beneficio para el huésped. En el caso de los hongos, la evidencia sobre sus fibras y polisacáridos es prometedora, pero todavía existe variabilidad entre estudios y preparaciones.

Hericium erinaceus y la microbiota intestinal

El Hericium erinaceus, conocido como melena de león, es una de las especies de hongos funcionales que se ha estudiado en relación con la salud gastrointestinal y la microbiota.

La investigación experimental ha analizado cómo sus polisacáridos y otros componentes pueden interactuar con el ecosistema intestinal. Una revisión reciente señala que las fibras derivadas de hongos como Hericium erinaceus pueden modificar determinadas características de la microbiota intestinal.

Además, un estudio publicado en 2026 evaluó un extracto rico en β-glucanos de H. erinaceus en modelos celulares y animales de colitis. Los resultados observaron cambios relacionados con la inflamación, la barrera intestinal y la microbiota. Sin embargo, se trata de evidencia experimental y no permite afirmar que el hongo trate enfermedades intestinales en humanos.

Grifola frondosa y la microbiota intestinal

La Grifola frondosa, conocida como maitake, también ha sido estudiada por el contenido de polisacáridos presentes en sus cuerpos fructíferos y otras estructuras.

Los polisacáridos de esta especie han sido investigados por su capacidad para modificar determinadas comunidades microbianas en modelos experimentales. Estos trabajos han permitido explorar una posible relación entre los componentes del maitake, la microbiota intestinal y diferentes procesos metabólicos.

Sin embargo, los resultados obtenidos en modelos celulares o animales no deben interpretarse como evidencia de que Grifola frondosa pueda prevenir o tratar enfermedades metabólicas en personas.

Lo que sí resulta relevante desde el punto de vista nutricional es estudiar cómo sus polisacáridos pueden ser utilizados por los microorganismos intestinales y qué metabolitos se generan durante ese proceso.

Pleurotus ostreatus y la microbiota intestinal

El Pleurotus ostreatus, conocido comúnmente como seta de ostra, contiene diferentes componentes estructurales, entre ellos β-glucanos, quitina y otras fibras.

Estos compuestos han despertado interés por su posible interacción con la microbiota intestinal. Las investigaciones sobre fibras derivadas de hongos han encontrado que diferentes especies pueden producir cambios en la composición y actividad de las comunidades microbianas durante procesos de fermentación.

En el caso de Pleurotus, diferentes estudios experimentales han analizado sus polisacáridos y su relación con la microbiota. Sin embargo, los efectos pueden variar según la especie, la parte del hongo utilizada y el método de extracción o procesamiento.

Por eso, es preferible hablar de potencial prebiótico y modulación de la microbiota en lugar de atribuirle efectos terapéuticos directos.

¿Qué papel tienen los ácidos grasos de cadena corta?

Uno de los aspectos más interesantes de la relación entre hongos y microbiota intestinal es la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC).

Cuando determinados polisacáridos y fibras llegan al colon, los microorganismos intestinales pueden fermentarlos. Como resultado pueden producirse acetato, propionato y butirato, metabolitos que participan en diferentes procesos relacionados con el ambiente intestinal y la interacción entre microbiota y organismo.

Este mecanismo ayuda a explicar por qué los investigadores estudian los hongos como una posible fuente de fibras con actividad prebiótica.

Sin embargo, la respuesta no es igual para todas las personas. La composición de la microbiota depende de múltiples factores, entre ellos la alimentación, la edad, el estado fisiológico, el entorno y el uso de determinados medicamentos.

Hongo funcional rico en beta glucanos

Preguntas frecuentes sobre hongos y microbiota intestinal

¿Los hongos pueden beneficiar la microbiota intestinal?
Algunos componentes de los hongos, especialmente sus fibras y polisacáridos, pueden ser utilizados por microorganismos intestinales y presentan potencial prebiótico. La evidencia disponible es prometedora, aunque todavía existen limitaciones en los estudios realizados en humanos.

Entre las especies estudiadas se encuentran Hericium erinaceus, Grifola frondosa, Pleurotus ostreatus, Lentinula edodes y Ganoderma lucidum, aunque el volumen y tipo de evidencia disponible varía entre especies.

Los β-glucanos de los hongos son polisacáridos que pueden resistir la digestión y ser fermentados por microorganismos intestinales. Por ello, se investigan por su potencial actividad prebiótica, aunque las características de los β-glucanos y sus efectos pueden variar según su estructura y procedencia.

No. La composición y actividad de la microbiota pueden variar según factores como la alimentación, edad, características individuales, entorno, estado fisiológico y medicamentos. Por eso, la respuesta frente a un alimento o compuesto puede ser diferente entre personas.

La evidencia disponible no permite presentar los hongos funcionales como tratamientos para enfermedades intestinales. Algunos estudios experimentales han encontrado resultados de interés, pero todavía se necesitan más investigaciones clínicas en humanos para establecer efectos terapéuticos.